Foro Politécnico » Patética la Viteri

A la persona que me considera inteligente y con criterio, gracias, y si me expreso así, ¿Hay alguna mentira en mi artículo? ¿He falseado algo? ¿Es o no que la Viteri miente? Potenciado por WordPress. Diseñado por woo themes.”

2007-9-21 – Diario HOY | Noticias del Ecuador y del Mundo – Hoy Online Municipio diseña “formulario inteligente” para citar a morosos …. Ileana Viteri Galería de Arte. Publicado el 21/Septiembre/2007 | 00:00 … www.explored.com.ec/archivo-explored.php?yearID… – En caché

La mayor parte del tiempo pasado a elucidar el tiempo en la exposición de ayer, se dedicó al intento de interpretación de las imágenes que se presentan, cedidas graciosamente por Tame con la pregunta suyacente de saber si le gustaría a Ileana Viteri que semejante contenido apareciera en su página o revista, aunque admitió que personalmente no hubiese tenido nada en contra de éstas.

Sobre todo la cuarta encontró gran aceptación entre el personal de Aerogal.

Y más, precisamente, cuando supuestamente rige un criterio de autoridad.

Se empieza por la autocrítica y se terminan pagando altas sumas de indemnización.

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Es lo peor que te puede pasar, momentos en los que es casi posible definir la envidia aunque normalmente hagamos caso omiso de semejantes pasiones. Apenas le había sacado un elefante a alguna nube y un enano a una montaña, y me mandan éstas fotos, como si alguien hubiese avanzado dos mil años con respecto  a  ti en el sublime arte de encontrarle esquemas subyacentes a la realidad. Si hubiesen llegado más tarde, quizá me hubiera dado lo mismo porque se distrae la mente con otras cosas y lo que parece tan importante como proyecto metafísico se diluye en otras temáticas más o igual de interesantes.

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Además, lo que es aun peor, si cupiese, dibuja finalmente la posibilidad de realizar lo imposible, o que me parecía realmente imposible a mi, aunque hiciese grandes esfuerzos por aniquilar la imposibilidad: cómo se introdujera ese elemento que llamaba espiritual o místico en referencia a Guayasamín dentro del arte de la fotografía? Arte al que precisamente le negaba el atributo de arte por ser incapaz a mi entender y reducido conocimiento, de ir más allá del mero reflejo de la realidad empírica, construyendo como mucho una perspectiva rozando la ideología que dice a alguien sin lograr jamás trascender la realidad más inmediata.

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Sería eso mismo. Si lo irreal se plasma en lo difuso al perder definición y apela a otras dimensiones en las que caben los monstruos del lago Ness, los fantasmitas irreverentes y casi, se dijera, que hasta el gato con botas aunque aun hubiese que definir su espacio más concretamente porque éste, seguro, necesita ser una mancha concretizada sobre un muro pintado de amarillo, es obvio que la trascendencia no se puede hacer imagen que cuando se encuentra dentro de lo anodino dejado de lado y caído ahí de cualquier manera, es decir, depositado en su indiferencia allá por manos cuyos designios quizá solo se capten cuando en ello se encuentran los rasgos hasta de un Neandertal, diría yo, aunque cada cual interprete a su manera.

En lo que hay, hay otra cosa, lo quizá sea el modo más simple de definir la trascendencia. Y aunque Kant dijese que ‘es necesario pensar que la presencia de un cuadrado o un triángulo sobre la arena revela necesariamente la actuación humana’, es necesario constatar que incluso en aquello que no pretende a formas puras, se encuentra de por la mirada humana trazos reflejando algo más que la forma pura: la alusión a lo inteligible a lo que el arte suele pretender en exclusividad.

Es más que un buen comienzo que ya había constatado en los intentos de reflejar personalidad subjetiva de Flavia Schuster, es casi un paso hacia delante. Y permite fundar una muy simple evidencia: lo mismo cuando se cambia el medio que se utiliza para plasmarlo, precisa de una transformación que permita el decir eso mismo de otra manera. Si cierto árbol pintado será siempre una romántica alusión queriendo esquivar las imposiciones de las civilizaciones, el árbol de la fotografía no será nunca nada más que un árbol. Saber inscribir una disposición interna equivalente dentro de un medio diferente implica cambiar la perspectiva y se consigue, por ejemplo, de éste modo.

La realidad no se reduce a lo que captan los sentidos y los esquemas subyacentes revelan mucho más de lo que la mueve que ciertas pretendidas evidencias.

Se podría decir entonces, para continuar con la sempiterna cuestión de los valores que no acabará tan pronto que, por un lado, lo que llamábamos una problemática a valía más o menos general, cobra clara imagen en esto mismo: de reflejar realidades se pasa progresivamente a plasmar identidades y de ahí a dibujar disposiciones internas, progresos que marcan la valía de las cosas en tanto que hacen avanzar las problemáticas de por las respuestas que se aportan, y que, por otro lado, el esfuerzo hecho en diferenciarse de otros de por la profundidad adquirida de la respuesta le da más a lo que se hace, aunque luego, lógicamente, vengan otros imitando con mejor calidad técnica lo mismo.

Hay un momento en el que uno debe agarrarse a su propio valor, como diciendo que ya se ha hecho y saber hacerlo valer. Es decir, que debe saber dar a conocer lo que finalmente se reconoce como haciendo partícipe a otros de un resultado para cuya obtención se precisa de la presencia de otros tantos que solamente guían el pensamiento o apoyan la disposición.

Entre este fundamento del principio de determinación del valor del arte y el mercado actual del arte hay años luz y mucho abismo en medio, pero al menos alimenta la reflexión sobre el cómo fuera posible que perspectivas tan dispares pueblen una misma contemporaneidad.

Contribución de Ana Kasten

Texto: S Kasten

de: http://webbook.wordpress.com/2009/09/28/transparencias/

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La pornografía subliminal que se aprecia mejor cuando el flash distorsiona la evidencia reflejada en las páginas de las revistas, se llamaría según corrientes intelectuales escasamente fundamentadas más allá que en Freud, quizá

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(cito) “una secuencia cinética, sonidos y silencios en el tiempo, huella del calor austero que transita por el lienzo o el papel; gesto revestido de intención que ahuyenta el casualismo y sostiene en transparencias el fluir de la materia. Es solo lo que se va y vuelve como la respiración.”

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Todo no es nada más que un punto de vista desde cierto punto de vista.

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Y las palabras mayormente se utilizan para decir cualquier otra cosa excepto aquello a lo que se refieren.

Yo, personalmente, no sabiendo quien ha podido dar expresión a tanto aburrimiento suyacente, ya que puede ser que el nombre sobre el papel no sea nada más que mera coincidencia, no llamaría esto arte. Ahora, es evidente que la frase se merece un lugar en algún panteón no sea nada más que por la distancia existente entre el referente y lo referido. Digo. Sin haber leído en exceso a Russell.

de: http://webbook.wordpress.com/2009/09/26/la-enfermedad-mental-tambien-cobra-imagen/

Siempre terminan por encontrarse en los cruces del camino, de aquellos que raramente pueblan las cimas de las montañas, los contrarios radicales que causan oposición a aquello que nos ahuyenta. Sé que es verdad. Empiezas comiendo sopa con el abogado más iletrado de la tierra y de por la mera oposición terminas por encontrarte con alguien que valga la pena. Es decir, que los pesados cuerpos del pensamiento dentro de la manera en la que se entienden según las culturas solo pueden generar un máximo de estupidez, y siempre es mejor empezar por esta para terminar por elucidar quien representase dignamente el conglomerado en cuestión.

Yo me negué rotundamente a proyectar en una de mis páginas la visión del mundo de una señora llamada Breen que ostenta café a aires turísticos en esta muy digna ciudad porque había colocado un cuadro en el centro de algún muro donde un toro mata al torero. Era un cuadro bastante malo, por cierto, de Ariel Dawi, argentino instalado en mi vecindario y vendiendo bien entre las señoras aburguesadas de origen germánico que se las dan, de vez en cuando, de críticas de arte. No por nada, pero resultaba altamente ofensivo y eso sin tener que recurrir a orígenes hispánicos. Zapata fue borrado de mi panteón personal al representar con excesiva habilidad una conquista española muy deformada donde el verdugo hispánico se encontraba siempre con un encandilado e inocente indígena bañado en frutos y flores. Evidentemente vende muy bien en Francia no sea nada más que por eso, pero a mi me parecía en exceso simplista el contenido conceptual.

Guayasamín sigue mereciendo mi más profunda admiración porque los cuerpos se juntan sin fundirse, lo que hace de lo erótico algo casi místico, que tampoco falta del resto de las representaciones. No es porque sea místico, sino porque lo místico no es material y es muy difícil guardarlo en pincelazos. Es decir que hay que agarrarlo de algún modo, traducirlo de otro y encima, pretender a que se comprenda por el que finalmente solo se confronta a un conjunto de colores y volúmenes cuando mira un cuadro.

Estimo que lo más difícil tiene más valor porque es más difícil, y francamente, pintar la réplica de un árbol no me parece precisar de un excesivo talento y, al final, quizá le convenga más una foto que indique claramente que es un árbol, y nada más.

Siempre se le puede sacar lo malo a algo y como comentaba en algún otro lugar, hacer de ello ideología, reivindicación o protesta. El problema del arte es que se quiere estética y que la estética de por su referencia a lo bello, obliga a situarse desde una perspectiva donde sea al menos posible eso mismo, lo que la fundamenta. Claro que puede ser bella la protesta, la ideología o la reivindicación, pero hay que ser muy cristiano para poder sacarle belleza a las llagas que te llevan a la muerte. Imposible no es, pero en todo caso, bastante difícil.

Se puede considerar el toreo como un vulgar asesinato de toros. Consideración que obliga a plantearse si todavía se puede hablar de asesinato cuando se habla de toros y no de personas, y es, precisamente, la falta de esclarecimiento del concepto lo que crea una sensación de puro aburrimiento cuando se contempla algo que se quiere referir a su elucidación. Si la figura estilizada del torero confrontándose a una masa de carne de 500 kilos pudiera simbolizar algo, entonces simbolizaría la confrontación a la muerte, o, aun peor, le dije a un griego, al amor mismo que en el fondo, nos aterra más que la muerte. El mismo tema, que es un toro y un torero, puede ser pues tratado de muy diversas maneras, y presumo que el trabajo conceptual anterior o la profundidad de lo que se capta intuitivamente, es lo que finalmente termina por reflejarse en una imagen que no hace nada más que plasmar la reflexión o la respuesta intuitiva.

La Conquista es otro tema terrible de por el trato del que ha sido objeto, y dentro de todo, yo siempre me digo que si algún viento llevó a ciertas gentes a un lugar y estos se atrevieron a decir que todo era suyo y los otros se lo creyeron, alguna razón tendría. Por muy malo que sea algo, dices que algo bueno dejaría. Y si no lo dejó, al menos lo prometió para que lo dejen otros.

Yo personalmente diría, con ciertos tintes irónicos, admito, que lo español solo deja eso: la clara diferencia entre el asesinato y la puesta a muerte, entre la ejecución y el sacrificio. Cuando se habla bien el español, nadie asesina jamás a un conejo y lo que sigue a sentencia, no es asesinato tampoco. Son casi lirios superpuestos en una intrínseca belleza de diferenciación que tiene la ventaja de permitir que las gentes se entiendan cuando falla todo el resto. Lo tomas o lo dejas. Dices también.

No le quita nada a lo indígena que deja finalmente que las almas se escapen a través de los árboles en forma de pájaros chohui. Por qué no. Si a lo español le falta el alma, a lo indígena le sobra, y si a este le falta la definición, a aquel le sobra. Independientemente de las luchas, guerras y batallas que se forjan alrededor del deseo innato de imponerse sobre otros, en tanto que raza, cultura o lengua, es siempre posible pensar que del choque entre diferentes modos de ver surja algo cuya belleza valga la pena decirse. Claro que hay que pensar mucho. Y eso le diera realidad a lo que se dice. No, es que tú, le dije a Marcela Rodríguez, que tanto te levantas contra lo español, tienes una tez más blanca que la mía, y por decir, decir, ni quichua hablas.

Son reflexiones a ráfagas. Desde mi punto de vista personal prefiero los colores indígenas y los pájaros chohuí a los malabares definicionistas españoles aunque admito que a veces también echo de menos estos.

Hay una inocencia que perdemos en un momento dado de nuestra humana historia y lo tonto es pretender poder volver a ella simplemente por el hecho de compartir la misma configuración ósea.

Hay una tensión que se hace concepto cuando alguien pretende poder oponerse al toro. Se puede decir de muchas maneras. Incluso a golpe de acuarela que dibuja un caballo. Es obvio que para poder plasmar esa tensión en una obra de arte, tienes que haberla vivido y eso ya da muchos puntos sobre otros que simplemente escurren el bulto y pretenden poder reivindicar amores cuando todavía ni tan siquiera lo han visto de frente. Es decir. Que es muy fácil gritar que uno daría la vida por no sé que causa pero cuando llega el momento sale todo el mundo corriendo, normalmente. Hay otros que no gritan tanto y cuando llega el momento se plantan ahí, sencillamente, esperando a que pase la borrasca que pudiera arrancarte la existencia. Los hay incluso que lo hacen con elegancia, en traje de luces, como quien no quiere perder la compostura en tan graves momentos. La disposición interna es lo que se refleja en una obra y dependiendo de su profundidad es ejemplo en lo que gira la mirada hacia realidades que escapan a la mayoría. Los hay que quieren que su puro narcisismo desequilibrado y egoista sea una lección para muchos, incluso para todos, y los hay que compran semejante pretensión.

Es cierto que termina por aburrir y como no vale, pierde hasta el precio con el tiempo.

Porque no vale, lo que obliga a plantearse la cuestión del valor de nuevo.

Y soy porque tú me reconoces, o valgo por lo que soy? Entre el formalismo social y la autodesignación del precio se escribe una de las más tenaces quejas de la humanidad. Este, porque ha ido a tal escuela, ha tenido tal maestro, ha expuesto en tal lugar, ha sido comprado por tal, y aquel porque dice: tanto, y si lo quieres lo compras y si no quieres, pues no lo compras. A aquel le dicen que tiene el derecho adquirido de vender a tanto y el otro se pone precio a su cabeza solo y sin el permiso de nadie.

Más o menos es ahí donde se sitúa Oswaldo Viteri. Sin escuela, sin maestro, sin galería ni galerista, sin museo ni agente que te diga exactamente qué decir cuando y cómo, te dice en su casa que ese, justo ese cuadro, vale para la proyección imposible de un alguien que viniese salido de mi propia fantasía, … tanto. Yo se lo compraré cuando crezca. Por eso solamente.

Soy yo quien vendo, y en el fondo pienso lo mismo, si quieres lo compras y sino lo dejas, y tú, y menos tú, me vas a decir lo que valgo.

Le dije a Hikmet que ese cuadro valía 25.000 FF de la época porque era muy peculiar, y que poniendo ese precio, no lo compraría nadie, y finalmente se vendió a 5.000 FF cuando ya no había nada para comer en la cacerola.

Todo tiene una historia.

Desde un punto de vista objetivo dices: yo no sé qué pensar de un modo de retratar que me recuerda más a ciertos dibujos de tiras cómicas de por su simplicidad y que pues falta de volumen. Y luego dices que casa un modo de ver más arcaico y menos personalizado, es decir, que junta elementos indígenas en su generalización con elementos particularizantes, como si, ves, se pudiese pensar que en dos culturas dispares se encuentra algo que se casa con lo otro de tal modo a generar harmonía. Comprendes de ese modo, que tu juicio preliminar está condicionado por un contexto cultural donde la banalización intenta ahuyentar la reflexión artística por lo que la simplicidad tiende a generar crítica aunque no tenga nada que ver con lo que determina los espacios culturales de otros lugares.

Es necesario incluso cambiar de perspectiva para poder enjuiciar un contexto de modo adecuado y se pudiese decir que llegas a un resultado convincente cuando disciernes elementos que casan problemáticas ajenas con aquellas más locales.

Supongo que un artista universal es el que trasciende sus fronteras de por la tenacidad de la problemática que termina por apelar a muchos más inconscientes que a aquellos delimitados por unas fronteras y un modo de entender en su particularidad.

Y volvemos al mismo tema de siempre no sea nada más que porque Viteri hizo unos garabatos a rasgos infantilistas últimamente como si quisiera reflejar un modo de entender la inocencia. A mi me parece desfasado cuando un adulto se escapa hacia la infancia buscando un refugio que en el fondo no es nada más que un modo de evadir responsabilidades. Este intento me hizo mucha gracia aunque era exactamente más o menos igual que todos los demás pero eso se debía probablemente al contexto. No el que fuese igual que los demás sino el que me hiciese gracia.

Lo que hace la inocencia de la infancia en ningún caso refleja la inocencia del adulto, pero quizá el único modo de terminar por decir la inocencia del adulto sea intentando recordar aquella de la infancia. Si hubiera habido. Yo tenía 37 años cuando me senté en un columpio en un parque, y brillaba el sol y el cielo estaba azul y me dije que se estaba muy bien así, pero que precisamente eso, yo no lo conocía de entonces. La inocencia del adulto se recupera poniendo las cosas en su sitio, y esas cosas son los conceptos.

Perdemos la inocencia porque hacemos lo que sabemos es malo. Eso de que sabemos es un poco ilusorio, pero creemos que lo sabemos y sin embargo lo hacemos, y con cada uno de esos pensamientos transgresores nos hundimos cada vez más en un pesado sentimiento de culpa más o menos asumida que llamamos incluso responsabilidad, somos así de necios, hasta que un día realmente se nos hace horrorosamente pesado y hasta nos ciega la conciencia y nos tenemos que obligar a pensar en algún antes donde todo eso aun no era. Y claro. Cómo lo recuperas.

Empiezas malignamente justificando todas las maldades que has hecho, diciendo que era absolutamente necesario hacerlas porque la vida es así, pero eso no le quita ni una jota a la mala conciencia. Aunque te sientes mejor porque ya no hay un juez universal dictando dictamen sino un asumir plácidamente su propia existencia dentro de su general incomprensión. Después empiezas a preguntarte que por qué eso sería tan malo y finalmente, por qué, si no es malo, te parece malo, y al final qué es lo malo en si y de por si para poder realmente juzgar sobre los hechos de modo objetivo y contundente.

España está hecha de cielos poblados de angelitos separados por una fina línea recordando los cielos de Toledo del Greco de unos inmensos espacios muy turbios que se cubren con velos negros. Además, de esas cosas no se habla.

Qué pasa cuando esta España se incrusta en otros siglos y se casa con modos de ver tan naturales que lo malo en el fondo, fondo, es solo una representación de algo irreal que aparece a la conciencia y que hay que combatir con todas sus fuerzas? Entonces puedes afirmar casi perentoriamente que el desnudo es natural.

Claro. Pero los gatos no llevan botas, insinúa España de nuevo, como si el mero hecho de vestirse hiciera de un ser humano un ente desprovisto de impulsos más biológicos. Entonces? Se puede llevar capa y aun pretender a una gestión adecuada de los más terrenales impulsos? Y eso sin olvidar los angelitos.

Solo si te pones traje de torero. Y no le limas los cuernos al toro. Es decir, solo cuando la realidad se ha vuelto un símbolo de otra cosa que tiene más valor que la realidad tangible.

Atrévete, dijo Schiller. La verdad es una estatua desnuda cuya mera visión te aterra. Lo desnudo es lo crudo, incluso lo sincero y lo llano, y debiera saber mostrarse. Es igual que la sangre del toro, en el fondo, y los hay a los que espanta.

Yo, que solo me desnudo para ducharme, siempre contemplo el desnudo con mucha ironía. Lógicamente. Le quita la evidencia a la seducción. Es, sin embargo, muy distinto al intento de reducir al ser humano a una mera masa de nervios y células guiada por impulsos que no determinamos.  Sinceramente, yo soy el símbolo de mi misma, es todo lo que le acuerdo a la realidad carnal, y ni el pensamiento debe extralimitarse, ni su símbolo invadirlo. Yo. Lo que no dice nada sobre otros, sino solo sobre la perspectiva desde donde se enjuicia algo.

Quizá no podamos decir gran cosa sobre la inocencia de otros aunque bien podemos definir aquella con la que apreciamos a otros. Dentro de todo, prefiero la posibilidad de que lo natural obligue a considerar el cómo se piensa o se gestiona dentro de esferas más intelectualizadas que el omitir el hecho, o de reducir la existencia a pretender decir a escondidas lo que consideramos de todos modos, sucio. Porque si no es sucio, por qué lo escondemos para hacer de ello entre líneas un golpe que nos recuerde lo que pensamos ser la realidad misma? O sea que afirmamos que es sucio y aun y con ello lo divulgamos. Desde tú perspectiva. Desde la mía, lo sucio se encuentra nada más que en tu propia mirada.

Los caminos del hombre son largos y tortuosos. Cuando los determina el ‘qué dirán’ no solemos llegar muy lejos. El ‘qué dirán’ se formaliza en los maestros, las escuelas, los rangos y las medallas. Cuando nos damos precio a nosotros mismos, no existe ya prácticamente el ‘qué dirán’ aunque extrañamente también, desaparece el mundo. Porque no nos da precio, o sea, no nos valora, es decir, no nos considera: simple respuesta a nuestra indiferencia al qué dijeran.

La inocencia del hombre está en el equilibrio que se establece entre la conciencia de lo que valemos y el modo de hacerlo reconocer por otros. Es siempre lo mismo. Te aman porque vales o porque sabes reconocer a quien te ama? Cuando solo vales, se pierde la inocencia de la necesidad del lazo que se crea con quien lo sabe en lo que es, y es extraño, pero sin esta necesidad, no hay fronteras y sin fronteras se pierde el espacio, y sin espacio, dejamos de ser. O sea que recurrimos a estratagemas.

No, es que no me molestan los hombres. Lo que molesta es que no haya. Y dentro de ello Viteri aun abre cierto resquicio a la esperanza, aunque sea de modo figurado. No hay nada peor que pretender a hombre y no serlo. Quizá el hombre empieza a decirse en el momento en que se autovalora. Empieza. Luego debiera seguir algún resto. Pero ya es algo, y como dicen en España, a falta de pan buenas son tortas.

de: http://webbook.wordpress.com/2009/09/25/oswaldo-viteri-la-autoafirmacion-del-valor/

La mayoría de los visitantes que decidieron ausentarse de la última exposición expresaron su deseo de ver expuestas obras que calificaron de ‘más interesantes’, según una encuesta llevada a cabo por Reuters a altas horas de la noche entre los asistentes a la elección de la reina de Quito para estas fiestas.

Ileana Viteri aun me debe 30 dólares de la confección de la página.

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Ismael Olabarrieta, pintor de profesión, es amigo del ministro juez Dr José Serrano, de la muy honorable ciudad de Cuenca. Con el Dr Serrano estábamos elucidando la cuestión de saber si bastaba poner una serie de fotos bajo la rúbrica ‘pornografía’ para que realmente lo fuesen y consiguientemente, qué hacía la diferencia entre el desnudo y la pornografía, cuestión que se agravó cuando llegó Olabarrieta, ya que era obvio que ‘ellos’ podían bañar los lienzos con sus sueños más o menos perversos siendo, ah sí, todavía, promotores de la cultura y/o finos conocedores de arte, mientras ‘ellas’, las modelos que había que repescar de debajo de los diferentes titulares no se merecían nada más que los apelativos de ‘zorra’, ‘puta’ o ‘prostituta’, y eso en el mejor de los casos.

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Es cierto que en ese momento la discusión se agrió bastante produciéndose profundas convulsiones subterráneas que terminaron por canalizarse cuando a través del Dr Serrano se decidió que le hiciera una página al pintor que, a guisa de introducción (hay que saber quién eres antes de transformalo en coordenadas electrónicas) me confesó que ‘a veces era un poco lesbiano’, lo que – confieso – no mejoró la situación. No le dije que era especialista en cierto tipo de mariconadas, aunque hubiese podido. Simplemente, y algo fríamente, le pregunté si pretendía cubrir bajo tal apelativo sus aspiraciones a Juana de Arco u otras heroicas féminas cubiertas de atuendos masculinos… simplemente alegando que ‘me parecía un poco difícil’.

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Fuera quizá la consecuencia misma de lo que ya no se decía pero tintaba el conjunto de muy ácidas distancias, Olabarrieta desapareció sin cancelar el restante de la mayoría de la cantidad que quedaba para pagar la página, lo que dobló la ya bastante tensa situación de todo un conjunto de comentarios más o menos agrios cuyo contenido pudiera ser reducido al, claro, que por poner todas esas payasadas sobre un papel alguien podía permitirse cobrar algunos miles pero que por el trabajo de hacerlo conocer, lo que pudiera hacer efectivo el pago, finalmente, no pagaba nadie y menos si quien, presumo? hace el trabajo es una mujer.

Total, siendo ya costumbre arraigada la de distorsionar ligeramente el contenido de las páginas cuando se producían esos sucesos, la página de Olabarrieta, que, confieso, hubiera clasificado entre una de las mejores mías originalmente, fue finalmente poblada de una larga exposición equina con unos preciosos caballos sacados de otro contexto completamente distinto y ahí se quedó (http://ismaelolabarrieta.wordpress.com/3-en-mundo-libri/). Olabarrieta volvió alguna vez pero ya ni nos salúdabamos cuando nos cruzábamos por la calle, por lo que la cuestión de los caballos quedó suspendida del aire, y ello más aun debido a que la conversación entre el Dr Serrano y las reclamaciones generales femeninas se había tintado de un aire bastante gélido, lo que produjo su interrupción por largo rato.

La cuestión, en el fondo, – pero había que ir muy lejos para llegar hasta ahí, - era por qué bastaba con ir revestido de pantalones para merecerse el apelativo de ‘varón’ y por qué, finalmente, bastaba con que cualquier payaso pretendiendo a ello mismo pudiese alegar ‘palabra’ para que todo juicio se tornase en su favor.

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Es cierto que en un principio Olabarrieta no me era antipático. Pero empezaba a hartarme el hecho de que fuese siempre yo quien cediese al juicio objetivo mientras que el lado opuesto se regía únicamente por el prejuicio. Fuera hecho por mujer y ya valía menos. Simplemente no se enjuicia. O se enjuicia con terceros propósitos, del estilo, fuese que te digo que está bien y quizá me merezca atenciones secundarias. Poco después le dije a Frau von Lubs que en un principio no me interesaba lo que derivaba de la fantasía a tintes varoniles.

Y claro, largas exposiciones sobre la inteligencia intuitiva de Ines de la Fressange, la sublimidad intelectual de Plisetskaya, la absoluta levedad de Osipova, el caracter resuelto de Comaneci, aun subrayando ciertas imperfecciones porque nosotras, sí, nosotras no ponemos a las gentes sobre pedestales de perfección de los que es difícil bajarse después, empezaron a poblar mis páginas progresivamente. A veces se asomaba algún varón. Pero es verdad que también alguna mujer encuentra un hueco incluso dentro de los panteones masculinos, y no íbamos a ser menos.

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Ya el tal Unda se había llevado parte de una hostilidad nacida en otros contextos y eso porque lógicamente había raudamente que compensar el hecho de haber medianamente puesto palabras no demasiado negativas detrás de otra figura varonil, la de Oswaldo Viteri. No fuese que nos desconcentrásemos.

Estaban las cosas más o menos por ahí cuando yendo a ver si podía ampliar mi colección de afirmaciones femeninas pidiendo un cuadro a Ileana Viteri, me topo con el mismo Unda figurando protesta (no sé si de la galerista o del mismo) en el comienzo del muro derecho de la galería, lo que me hizo rápidamente sospechar que todo el presupuesto orientado a subvencionar la depresión femenina no aterrizase de nuevo en manos de algún avisado varón, por lo que tuve que especificar mis exigencias posteriormente.

No bastaba con ello. Al día siguiente, yendo aun con mucha precaución a ver si había progresado el asunto intelectual que me unía al Dr Serrano, me acerco por sus oficinas para encontrarme con el mismo y … Olabarrieta.

Confieso que aunque de inmediato le recordé sus infinitas deudas hacia el género femenino, sentí una especie de alivio muy reprimido por obvias razones.

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Terminé por comprender hasta lo del lesbianismo aunque seguía sin abarcar la profundidad del asunto.

Total. Era verdad. Un hombre que cae en las redes de la venganza femenina termina siempre por perder después de hacerse una reputación de pintor bucólico del siglo XIX. Quién después expusiera sus obras si esperando algún caballo, terminan por llegar entre las manos de la incauta galerista (siempre son mujeres menos a veces) semejante retahila de imágenes chocantes para la mente de las gentes impregnadas por cierto apego a la naturaleza. Nadie. Es lógico. La pérdida neta es 10 veces superior a lo que me debiera, sino más. Tampoco hay que hacer abuso de poder.

Suspiré. No, si al final, pensé, será aun una mujer la que saque a este pobre hombre de su dilema personal.

Encima negó deberme nada. Pero se veía por su perfil hundido en el sillón delante de los enormes escritorios judiciales que algo iba rotundamente mal y que hasta el Dr Serrano, vista la cantidad ingente de secretarias que pueblan esos lugares, tenía necesariamente que preguntarse si un apoyo aunque fuese moral no tendría gravísimas repercusiones para su persona.

Sin embargo, con cara como quien dice que yo tenía necesariamente la culpa de semejante situación, me pidió que le buscase una galería.

Encima.

A pesar de ello, algo me dijo que en el fondo había tenido suerte. Sospechaba que mis iracundos vitiperios concerniendo a Unda terminarían por exigir alguna explicación, y eso aunque alegase que peores cosas había oído yo, por lo que Olabarrieta en realidad me venía bien.

No es que Olabarrieta diga nada excesivamente nuevo en el sentido de determinar el objeto que suele ser su tema principal porque sigue diciendo lo mismo desde la misma perspectiva. Es casi arte bucólico del siglo XIX o principios del XX – un poco de cancán, o un tango que tomase fuente en el cancán de Toulouse-Lautrec, casi con la misma distancia indiferente de Toulouse-Lautrec. Este las veía pero no se acercaba mucho, porque era cojo, y lo que no podía ordenarse debido a su condición en relaciones sentimentales socialmente ordenadas, se convirtió en una sutil apreciación del aporte de los bajos mundos al tema con cierta distancia, como del que sabe que no es suyo o que de todos modos, no llega.

Olabarrieta le agrega un cierto feísmo no desprovisto de humor.

Momento en el que yo me aprovecho necesariamente de la perspectiva de Olabarrieta que se opone casi drásticamente al onirismo de Unda, ya que el primero al menos es franco. Hay que (supongo) asumir que la mente varonil está necesariamente obsesionada por ciertos temas, y aun en ese caso cabe la misma diferenciación que con tanto esfuerzo se había delineado en cuanto a los desnudos femeninos. Por qué se pudiera tratar el mismo tema de maneras tan distintas de tal suerte a hacer de lo mismo algo o nada, dependiendo del alegre exhibidor de su mundo interior?

Claro que todo no es nada más que una profunda cuestión filosófica que obtiene respuesta de muy diversos modos: acaso valiera lo mismo la verdad que la mentira? Lo perverso que lo inocente? La verdad no es nada más, en la mayoría de los casos, que el espacio muy delimitado dibujado por la luz estrellada contra los alrededores de una bombilla desnuda. Lo que hay más allá no se ve, no se sabe, y algunos hay quienes intuyen a partir de lo que ven lo que queda por ver, pero la mayoría simplemente le impone una realidad inexistente a la misma realidad cuando no terminan por inventarse aquello mismo que están viendo. La inocencia no es quizá nada más que el aferrarse a la evidencia de aquello mismo que vemos y sabemos sin pretender a más, o a más solamente cuando más hubiera. Por eso la inocencia es múltiple también: no puedo pretender a saber lo que no sé y que quizá se supiera si yo no fuese quien soy yo.

No hace mucho le dije a Frau von Lubs que ‘el mundo varonil es muy simplón. Cuando un trato se ajusta a leyes, termina en una celebración familiar, y cuando es ilegal, en un burdelo.’ Calificados más allá de un poco ‘bobiluncios’ (es muy simple el esquema), se podría afirmar sobre ese preliminar, que el esquema mental suyacente utilizado para actuar en la realidad, se transforma en su caso, casi de inmediato, en una expresión sexual determinada. Lógicamente es relativamente fácil derivar los esquemas suyacentes a partir del tipo de representación utilizada para ‘designar’ lo sexual. O lo que a ello alude.

Digamos que lo que fascina a ciertas mentes oblícuas masculinas de lo que llaman lesbiano (cada cual se imagina lo que quiere bajo ciertos conceptos) es la afirmación psíquica de la masculino que se distancia mucho de la afirmación por atributo que normalmente circula en los mundos masculinos. Los hay quienes ven que ese psiquismo les roba mucho campo en territorios femeninos y cuando los hay a quienes ello enfurece, los hay también quienes se quedan suspirando por aquello que hubieran querido ser, y claro, siempre hubiese quien dijese ‘que no llores como un niño por lo que no has sabido defender como un hombre’. Quizá Olabarrieta se quede simplemente diciendo que ‘la mujer responde eróticamente a algo que no se reduce a la determinación física’, y nada más. Quizá no enjuicie, solo constate.

Cuan distante de un constante alusivo decir de la realidad física en sobrentendidos, que es terreno femenino, como si se negara la realidad a la que Olabarrieta alude para afirmar del modo más soterrado la necesaria vigencia de lo que el hombre determina en lo que lo determina por razón biológica. Unda dice que el hombre tiene razón porque tiene huevos, y eso, en un lenguaje femenino, lo que le quita franqueza a la afirmación, como quien no se atreviera a decirlo por eso de guardar las apariencias y se regodea en secreto afirmando siempre los mismo, de modo recurrente e incluso monotemático, es decir, loco, fuera de lugar, obsesionado, desprovisto de naturalidad.

No me exigirá que lo compre, aunque supongo que los hay quienes comparten su modo de ver, en desmultiplicación casi infinita.

Lo que abre sobre otra cuestión que trato a menudo de modo más suyacente en relación con el valor de las cosas: si realmente hubiese que dárselo a aquello que de por su frecuencia permite pensar una desmultiplicación de las ventas. En ese caso, habría que inocular el virus de la gripe para satisfacer a todo el mundo en el compartir de lo común. Pienso siempre.

Y volvemos a la misma recurrente pregunta: hasta qué punto debe aceptarse la autoridad formal de la evaluación que tuviese en cuenta precisamente estos elementos de análisis para la introducción en el mercado de todo tipo de ‘cosas’ a tenencia más o menos artística? Con el subsiguiente riesgo, dices, de ver como en el siglo XVIII proliferar lo ‘prohibido’ y pues más deseable a infinitos precios en ciertos mercados oscuros.

Yo personalmente no abogo por la censura sino por el sentido común. Como bien le dije al francés en su momento, si tú tienes el derecho de exponer tu punto de vista, bien lo tendría yo de exponer el mío con respecto al tuyo?

Con lo que respecta a lo del lesbianismo, vista la gravedad del peso moral que suele gravar el término, entiendo que en si venir de la ciudad de Lesbos en la isla de Mitilini, no debe considerarse pecado mortal. Yo, personalmente, vengo de Madrid. En cuanto a la alusividad del término, que se refiere a la pobre poeta Sappho de Mitilini, a la que se atribuían extravagantes desvaneos eróticos (no hay constancia de que fueran amorosos) con sus alumnas de poesía, en escuelas que debían dar una horrible envidia por tradición a los atenienses específicamente que debieron inventarse las escuelas de filosofía un poco más tarde, y los hay quienes dicen que Platón era marica aunque Aristóteles se casara – es extraño que pese menos eso de lo ‘marica’ que lo de ‘lesbiano’, pero hagamos como que se lo atribuimos a la sempiterna envidia masculina – como digo, deben ser meras suputaciones con muy doble intencionalidad. Precisamente, algunas muy heroicas mujeres que sesgaron la historia con sus atuendos masculinos, pudieran ser acusadas de cualquier cosa menos de una presunta desviación sexual, si lo fuere, aunque quizá entrasen según algunos dentro de la misma categoría. Constancia hay de mucha amazona o walkiria que se divertía tomándole el pelo a la realidad masculina sin que haya constancia de sus implicaciones.

Quiero decir que independientemente de los bastante sucios sobrentendidos bañando el término de ‘lesbiano’, cabe pensar una realización psíquica de lo masculino en contornos femeninos que tuviera incluso algo de imperial en su expresión más mediata. Y lo que choca entonces es que precisamente se utilice un término muy envenenado de por el uso para designar una disposición fundamental (artística?) en un … pintor. Lo que pudiera atribuirse a la incapacidad natural del hombre a diferenciar con exactitud las implicaciones de los conceptos.

Independientemente de la consiguiente querella conceptual, no se le puede negar al menos a Olabarrieta un claro intento por determinar un espacio de luz en lo que es para él, es decir, desde su punto de vista que, como es natural, pretende a ciertos universalismos. Lo que no es el caso de Unda. Quizá eso venda en ambos en casos. Lo uno, porque es verdad y en tanto que tal, sigue atrayendo la atención de ciertas gentes, y lo otro, porque hay mucha gente obsesionada por llevarme la contraria.

En todo caso, quizá haya quien exponga a Olabarrieta. En Alemania, por ejemplo. Y Unda? Expondría en Francia, y no lo digo por prejucio sino por una sana evaluación de las cosas y las realidades.

Fuera, supongo que serviría como compensación ‘por el grave daño causado a la imagen de ambos a causa de una muy explícita afirmación de una opinión personal en sus versiones más diversas’.

de: http://webbook.wordpress.com/2009/11/08/un-ramalazo-lesbiano/

La próxima exposición tendrá lugar el 13 de diciembre a las 18 horas.

Contenido: desconocido. No se permitirán comentarios, en todo caso, ni tan siquiera desde la calle.

Por favor, no olviden ir etiquetados con vaqueros, azules de preferencia.

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